Uruguay cerró sus fronteras para contrarrestar los efectos del COVID-19 el lunes 21 de diciembre del año pasado. Desde una Punta del Este sin turistas ni temporada de verano, testimonios de argentinos que no desean regresar al país cuando la pandemia se termine. Nair Lutteral tiene 33 años. Hasta diciembre de 2019 residía con su familia en la localidad de Pacheco de la provincia de Buenos Aires. Recibió el 2020 en el departamento de la rambla de la playa Brava de Punta del Este, propiedad de su familia. Atrás quedaron sus afectos y sus estudios de diseño de indumentaria, cine y dirección de arte. Por alguna razón optó por quedarse algunas semanas en el balneario esteño. Los días se convirtieron en estadías y las vacaciones en rutina: “Vine por unos días y ahora resulta que hace más de un año que estoy acá. Me agarró la pandemia. En un principio pensé que era cosa de algunos días. Pero fueron pasando los días, las semanas y los meses. ¡Así pasó un año donde tuve que rehacer mi vida! Vine de vacaciones y me quedé a vivir”.
“¿Y ahora qué hago?, me pregunté cuando me di cuenta que tenía que encarar mi vida de otra manera”. Nair siempre pensó que Punta del Este era un lugar complicado para pasar el otoño y el invierno. Con el paso del tiempo descubrió una realidad distinta. “Cuando llegué solo tenía ropa de verano. Pero acá encontré gente solidaria que me ayudó muchísimo. A tal extremo que la ropa de invierno –que acá es muy crudo- es de mis amigos y amigas”, reveló.
Al principio se sintió una argentina varada por la pandemia. En ese contexto adverso, notó que su condición había cambiado. “Extraño montones a mi familia y a mis amigos. Pero cuando regrese a Pacheco lo haré de visita. Me gusta mucho vivir acá”. Nair trabaja en el bar de unos amigos mientras prepara el lanzamiento de su marca de ropa: “Me costó mucho encontrar las telas que buscaba. También encontrar a un diseñador. En mi país sería algo más fácil, pero voy encontrando solución a esos problemas”.

Fundadores
Su historia es, apenas, una referencia. Punta del Este nació un siglo atrás cuando un grupo de ciudadanos de Buenos Aires resolvió que su lugar de veraneo en el mundo sería un balneario ubicado trescientos kilómetros al este, del otro lado del Río de la Plata, en Uruguay. Durante ese siglo, los argentinos, que se contaban por miles, promovieron la fundación de la playa más exclusiva de América del Sur.
La historia de Punta del Este es la historia de los argentinos que encontraron en sus vacaciones un estilo y un proyecto de vida. La última oleada se produjo en los dos últimos años cuando por razones impositivas muchos optaron por radicarse en el país e instalarse en sus casas de verano.
La pandemia -aseguran- frenó una fuerte corriente de argentinos que se había afianzado en los meses previos a que la misma impactara en Uruguay. Luego de desatado el problema sanitario muchos iniciaron los trámites de residencia lo que les permitió ingresar al territorio uruguayo. Ahora todos esos argentinos que se encuentran en Punta del Este buscan cómo seguir con sus vidas en un país con fronteras cerradas.
Como Arturo García Rosa, a quien sus amigos llaman “Cuchiqui de Liniers”. Experto en hotelería, turismo y negocios inmobiliario, fue director general del hotel Alvear durante diez años, fundó Destino Argentina y desde hace décadas es el director general de SAHIC Latin American & Caribe. En estos tiempos de coronavirus se consolidó como líder de un grupo de amigos entre los que se encuentran argentinos, uruguayos y europeos que también, como él, estaban en Punta del Este cuando la pandemia dejó al país con un estricto cierre de fronteras. Arturo reside en Punta del Este con su esposa, la alemana Janina Kook quien por estas horas guarda cuarentena luego de regresar de Europa adonde fue a conocer a su nieto. Su hijo, de su anterior matrimonio, es Pablo Matera, capitán de los Pumas.
Durante el período de cuarentena voluntaria, Arturo emitió por las redes sociales sus famosos brindis, los que compartía con su grupo de amigos y en los que incluía entrevistas a figuras de distintos países del continente. Como un reconocido experto en el mundo hotelero, García Rosa pasaba buena parte de su vida subiendo y bajando de aviones que lo llevaban a distintos puntos del globo. Esa tensión la cambió por los encuentros virtuales con sus amigos. A tal extremo que en este verano García Rosa hará lo mismo, pero desde el exclusivo Yacht Club Punta del Este.
“Estoy trabajando desde Punta del Este asesorando a muchos clientes que fueron afectados por esta pandemia. Hay que prepararse para lo que va a pasar luego de la pandemia. El panorama que enfrentan los hoteles independientes ahora pasa por seguir bajo una marca internacional”, explica Arturo.

Vecino
En el mismo edificio que vive Nair hay otro argentino con una historia similar. Teodoro, de 90 años, es otro de los que, en marzo del año pasado, optó por quedarse algunos días más en Punta del Este. En ese lapso, lo agarró la pandemia y las medidas de cierre dispuestas por el gobierno del presidente Luis Lacalle Pou. “Me quedé en marzo y por cómo viene la mano me voy a quedar un tiempo más”, interpretó. Teodoro es rosarino y no oculta su condición de canalla, su pasión por Rosario Central. “Para la nota ponés mi segundo nombre y nada de apellidos”, exclamó, cuando fue consultado por quien escribe estas líneas. “Salgo una vez por semana. Me gusta ir al Enjoy a divertirme un rato. Ahora que abrió luego de varios meses cerrado tengo que aprovecharlo”, manifestó.
Isabel “Isa” Guarnido es una empresaria catalana que reside en Punta del Este desde hace algunos años atrás donde concretó varios negocios en el mundo de la ropa. Representa marcas como Carolina Herrera, Torras, Be Able y Custo Barcelona, entre otras. “El mundo de la moda dio un vuelco. El lujo no es tan lujo y menos para Punta del Este. Cerré los negocios”; dijo “Isa” Guarnido quien, como miembro de una numerosa familia en Barcelona quedó varada al cerrarse las fronteras uruguayas. “Como no tengo la ciudadanía uruguaya no me arriesgué a viajar. Mirá si no puedo volver”, añadió. Mientras tanto sigue practicando su deporte preferido: el golf.

En José Ignacio
Otros más jóvenes aprovechan los días de verano para ir buscando cómo acomodarse a la vida de Punta del Este de todo el año. “Somos argentinos, pero residimos acá desde hace tiempo. Parte de nuestra familia pudo llegar antes del 21 de diciembre. Y aquí estamos. Disfrutando de la playa para nosotros. Casi de forma exclusiva”, dijo María quien junto a su esposo Gonzalo bajan a la playa Mansa de José Ignacio. “Hoy hay mucho viento. Pero igual venimos. Otra cosa no hay para hacer. Solo sol y playa”, agrega Gonzalo.