“Por las anchas alamedas”, por David Rabinovich

¿Resulta curioso que uno de los triunfadores en las elecciones del domingo fuera el Frente Amplio, chileno? También festejaron los compañeros del PC y un montón de ‘independientes’. Yo festejé sí, claro que sí. Y mientras tanto en Colombia, están en la etapa de cuestionarlo todo. En la calle, codo a codo, la juventud enfrenta una represión feroz. En los campos, los líderes sociales son perseguidos y muertos por los sicarios del régimen. ¿Es Colombia hoy el Chile de 2019?

¡Viva Chile, mierda! La diversidad y el pluralismo no fueron ‘debilidades’ para las amplias fuerzas ‘progresistas´ que confluyen en una izquierda nueva y fuertemente matrizada por las protestas callejeras de 2019. Para la derecha, tampoco fue suficiente ‘fortaleza’ presentarse unida a la contienda.
Aunque sin dudas, para muchos, fueron resultados sorprendentes. “Como condición para aceptar el llamado a la Convención Constituyente la derecha había impuesto la regla de los dos tercios para el quórum y para aprobar los contenidos de la nueva constitución. Piñera y sus compinches estaban seguros de que las urnas arrojarían un resultado que les garantizaría disponer de ese poder de veto, al obtener un 35 o 40 por ciento del voto popular.” [Atilio Borón en Página 12]
En Chile la participación no es obligatoria y 6.108.676 votantes significan un 41% del total de habilitados. La derecha chilena, unificada bajo el nombre de “Chile Vamos” que era el único sector que apoyaba la constitución pinochetista de 1980, obtuvo 37 constituyentes. Lejos de los 52 que necesitaba para tener un tercio de los votos y con ello ‘derecho de veto’ contra cambios en serio.
Las fuerzas sociales, que apoyaron candidaturas independientes, alcanzaron un 31% y obtuvieron 48 representantes en la Constituyente. “Apruebo Dignidad” en la que estaban el Frente Amplio y el Partido Comunista de Chile, consiguió 28 escaños y “Lista del Apruebo”, con la participación de los partidos de la Concertación, entre ellos socialistas y democristianos, 25. A esto hay que sumar –en principio- a los pueblos originarios que tenían asignado un cupo de 17 constituyentes.
En la Constituyente chilena estará la famosa ‘Tia Pikachu’ pero no el ‘centro’ político que goza de tan buena prensa. La centro izquierda y la centro derecha salen fuertemente cuestionadas del proceso. La derecha pura y dura ha sido derrotada mientras que las ‘nuevas’ izquierdas salen fortalecidas y los netos triunfadores son los ‘independientes’.
Dijo el poeta: “Me moriré en París/con aguacero (…) tal vez un jueves, como es hoy, de otoño…” Muchachos y muchachas proclaman en Chile: “Renaceré en Santiago/ un día como es hoy/ martes de sol radiante/…”
Amnistía Internacional afirmó que un mes de protestas dejó un saldo de 12.547 heridos (se cuenta sólo los que pasaron por un servicio de atención); hubo 1.980 heridos por armas de fuego y 347 con lesiones oculares. Murieron al menos 38 personas. Incontables los malos tratos, las calaboceadas, las agresiones sexuales. Los Carabineros de Chile tienen fama bien ganada de ser una de las peores fuerzas represoras de la región. Son parte de un “exitoso modelo” impuesto por las oligarquías del sur americano. Hasta ayer la patria de Pablo y Salvador, el suelo de Violeta y Gabriela, era un ejemplo para contraponer a los ‘populismos de izquierda’ que usaron las derechas en sus campañas electorales. Hoy el fracaso de Piñera las interpela y la victoria de la inmensa ‘colcha de retazos’ que conforma la mayoría de la Constituyente, nos alienta. Este doloroso proceso ha servido para que Piñera reconozca: “No estamos sintonizando adecuadamente con las demandas y anhelos de la ciudadanía. Estamos siendo interpelados por nuevas expresiones y nuevos liderazgos.” Pero cuidado: el camino es largo y las derechas inescrupulosas y violentas.
Colombia: ¿y a mí qué (o cuándo) me toca? La rabia también tomó las calles en Colombia y la represión las tiño de sangre. El conflicto está en pleno desarrollo. Como antecedente hay que recordar los cinco meses de multitudinarias manifestaciones callejeras que comenzaron en noviembre de 2019 y terminaron de manera abrupta con el inicio de la pandemia. Ahora, a partir del 28 de Abril y luego de tres semanas de movilizaciones, las negociaciones entre el Gobierno y el Comité Nacional del Paro no muestran avances. Las movilizaciones siguen, quizá logren parar la represión y Colombia encuentre otros caminos.
Advierte Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional: “Desde el 28 de abril, se han reportado decenas de personas muertas, cientos de heridas y desaparecidas, torturas sexuales y escenas de horror por represión de manifestaciones, mayoritariamente pacíficas, sin que el gobierno de Iván Duque ni siquiera reconozca públicamente las violaciones a los derechos humanos.”
Para el chileno Alexis López Tapia1 con las protestas populares “las fuerzas de orden y seguridad son coaccionadas y excluidas; se articulan guerrillas urbanas y rurales; la delincuencia subversiva opera como máquina revolucionaria; se produce un estado de guerra civil horizontal, molecular y disipada”. La idea fue adoptada por Álvaro Uribe para catalogar la realidad de su país y negar cualquier legitimidad a la sociedad movilizada. Es bien sabido que si practicas ‘la guerra civil horizontal, molecular y disipada’ eres un terrorista…
En Colombia no hay carabineros; cumple esa función un Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) y se despliegan en el territorio las CAI (Comandos de Atención Inmediata) una suerte de pequeñas comisarias que, acusadas de practicar abuso policial, complicidad en el tráfico de drogas y prácticas varias de corrupción, han sido blanco predilecto de los manifestantes.
El reclamo popular es que la policía pase de supuestamente ‘combatir un enemigo subversivo’ a, simplemente, ‘proteger a la ciudadanía’. Si esto ocurriera, en Colombia sería una verdadera revolución.
1 Director de Radio y Televisión Santiago de Chile (RST) y ex colaborador de Radio Bío Bío. Conocido militante pro nazi.