“San Carlos, carnaval, referéndum y después…”, por Julio César Pereira*

San Carlos comienza a vivir con intensidad su fiesta magna, el carnaval 2022 se instala por sus calles, sus plazas, sus boliches y en forma definitiva, en el Teatro de verano Cayetano Silva. Las murgas locales hacen su estreno en un teatro remozado y con cambios estructurales importantes, donde se aprecia el esfuerzo puesto por los funcionarios municipales en su reacondicionamiento. Comienza el certamen local, con la previa del desfile inaugural.
Las murgas carolinas que apuestan alto, participan con buen suceso en la capital del país. Todo un orgullo para la ciudad.
En las primeras jornadas, el Cayetano desborda de gente. Gente joven con ansias de encontrarse, de salir, de ver otra gente, de sonreír. De olvidar por un rato que la pandemia y los problemas de la vida están ahí. Tratar de creer que ya se instaló la nueva normalidad, que no hay peligro, aunque el peligro sigue estando entre nosotros.
También están los viejos carnavaleros, las familias de siempre, los hinchas vitalicios del carnaval. Los que saben de esto, los que entienden, los que opinan. Los que, en definitiva, forman la gran familia carnavalera carolina, responsables en gran medida, de que el carnaval de San Carlos se destaque en el resto del país.
Afuera, sobre la vereda de enfrente, y cumpliendo acuerdos tácitos y oficiales, bajo un gazebo rosado, integrantes de la Comisión por el Si de San Carlos, reparte materiales y volantes, afines a su propuesta. Son los militantes de fierro, los de todos los días, los que a sol y a sombra, buscan captar adeptos y convencer de qué es lo que pasa si la LUC se mantiene. Para ellos el carnaval es una oportunidad de tener mucho público para poder hacer su trabajo.
A semanas de vivirse una instancia crucial para el futuro del país, el referéndum atraviesa toda la vida social de la comunidad. También al carnaval carolino.
En un exceso de honestidad y buenas prácticas de convivencia, la Comisión por el Sí, solicitó autorización mediante nota, al Concejo Municipal Carolino, para instalar su gazebo rosado en la cercanía de los puntos álgidos, de algunos eventos programados por el Municipio y además, la posibilidad de participar con una especie de carro alegórico, en el desfile inaugural del carnaval. En una votación dividida y en primera instancia, el Concejo negó la autorización solicitada en toda su extensión, por la Comisión. A pedido de los concejales frenteamplistas, que habían votado en contra de esta resolución, el tema se reconsideró oportunamente y finalmente se aprobó una moción que autoriza el uso de los espacios públicos por parte de la Comisión, siempre que se cumpla con las normas establecidas para publicidad en la legislación vigente. Lo que no se reconsideró fue la participación de la Comisión en el desfile, por lo tanto, la negativa se mantuvo. De alguna manera, se adoptaba una solución salomónica que acercaba las partes y fomentaba el entendimiento.
En el ínterin, hubo actores que expresaron su parecer públicamente y de alguna manera, algunos, quizás sin quererlo, se embretaron en “un corral de ramas”.
Llega el desfile oficial, y una Murga, haciendo uso de su derecho de llevar pancartas con los mensajes de sus sponsors, pretendió desfilar con una que hacía alusión al voto por el sí en el próximo referéndum.
Esto molestó a algunas autoridades, que atribuyéndose un rol y una potestad que no tienen, y amparándose en una normativa que no existe, pretendieron impedir, y en parte lo lograron que la murga desplegara su pancarta y participara del desfile con la misma.
Tratando de sobrevolar las diferentes opiniones es oportuno aclarar.
El referéndum del 27 se da en el marco del ejercicio de las más amplia, irrestricta y democrática libertad ciudadana.
Desconocer esta realidad es negar lo esencial de la democracia y nos retrotrae a tiempos pretéritos de hace más de 30 años, donde algún comisario avispado o un teniente coronel avenido a jerarca cultural, inspeccionaba, recortaba y censuraba letras, actos y conductas de las murgas y de la gente. Eso, gracias a este pueblo porfiado y libertario, ya no existe. Pero ojo, los enemigos están siempre al acecho.
Uruguay, por su calidad democrática, se ubica entre las 10 primeras naciones en la estadística mundial. Primera en América Latina. Parte de esa ubicación se explica precisamente porque existen en nuestro país, las posibilidades de que el pueblo se exprese directamente, a través de un referéndum, sobre la derogación o no de una ley o de parte de una ley como en este caso. Como ciudadanos que ocupamos cargos electivos, todos los concejales, tenemos la obligación de trabajar y aportar para que el país transcurra hacia el referéndum en la mayor armonía y paz posible. También que la ciudadanía pueda y deba acceder a la información necesaria para tener la oportunidad de decidir en forma correcta.
No existe normativa vigente, que ampare la posibilidad de prohibir a cualquier autoridad pública, la participación de un conjunto carnavalero con una pancarta alusiva, en pro o en contra de una posición a refrendar de un acto cívico. Apenas existe un reglamento de alcance local, que, en uno de sus artículos, y en forma ambigua, habla de la prohibición de las murgas de realizar actos políticos y las amenaza con la quita de puntos en el concurso y la baja del monto de sus contratos. Por lo tanto, nadie puede arrogarse el derecho de cercenar la libertad de expresión sin incurrir en un acto desafortunado, que puede ser hasta catalogado de abuso de funciones, con la gravedad que esto conlleva.
Antes que la sangre llegue al río, hay que apresurarse a decir:
El carnaval es la viva expresión de los sentimientos de la ciudadanía, por ser la expresión cultural mayoritaria del pueblo uruguayo.
La política bien entendida, es la disciplina por excelencia que afecta para bien o para mal, toda la vida de la gente, por lo que negar su injerencia en cualquier evento de cualquier tipo es negar la realidad misma.
La participación ciudadana en la toma de las decisiones que los afectan, debe de ser estimulada y respaldada, por cualquier y todo ciudadano y más si se ocupa un cargo de jerarquía electo por la ciudadanía.
Todo impedimento a la libre expresión de los ciudadanos, siempre que se haga dentro del marco de las leyes vigentes, debe de ser señalado como corresponde para que no se repita. Pasará el carnaval, pasará el referéndum, San Carlos seguirá su vida entre monótona y pueblerina y continuará sorprendiéndonos con sus logros, sus aciertos y errores. Es necesario estar a la altura de los acontecimientos para que la vida fluya por los carriles normales que todos queremos para nuestra ciudad.

*Concejal carolino por el Frente Amplio