
El pasado 24 de mayo se cumplió un nuevo aniversario del naufragio del vapor español “Ciudad de Santander” ocurrido en 1895, suceso que marcó la historia marítima de Maldonado. El hecho ocurrió en la restinga de la Isla de Lobos, y fue provocado por una densa niebla que envolvía la zona en esa jornada. Este buque, parte de la prestigiosa flota del Marqués de Comillas, no solo transportaba carga y pasajeros, sino también un valioso símbolo religioso: la imagen de la Virgen que hoy se venera en la Catedral de Maldonado.
La tragedia, aunque pudo haber sido devastadora, se convirtió en una hazaña de rescate gracias a la incansable labor de la flotilla liderada por Antonio Lussich, cuya valentía y esfuerzo lograron salvar vidas, equipajes y correspondencia en un operativo que se extendió por catorce días.
El “Ciudad de Santander” navegaba bajo condiciones adversas, con la niebla reduciendo la visibilidad a mínimos. Este fenómeno, común en la región, fue el desencadenante del encallamiento en los traicioneros bajos existentes en el entorno de la Isla de Lobos, un lugar conocido por su peligrosidad para la navegación. A bordo viajaban 117 personas, cuya seguridad quedó comprometida en el instante del impacto. Sin embargo, la respuesta inmediata y coordinada de la flotilla de Lussich demostró una notable capacidad de organización y compromiso.
Rescate
Durante dos semanas, los rescatistas trabajaron sin descanso, enfrentándose a las inclemencias del tiempo y las dificultades logísticas para recuperar no solo a los pasajeros, sino también sus pertenencias, la carga del barco y la correspondencia, elementos esenciales en una época donde las comunicaciones dependían en gran medida del correo marítimo. Un aspecto particularmente significativo de este naufragio es la presencia de la Virgen de Maldonado a bordo. Esta imagen, destinada a convertirse en un ícono religioso y cultural, fue rescatada y llevada a su destino final, donde hoy es un símbolo de fe para la comunidad. Este hecho añadió un matiz espiritual a la historia, elevando el rescate a un evento de trascendencia más allá de lo material. La labor de Lussich y su equipo no solo evitó una tragedia mayor, sino que también dejó un legado de solidaridad y esfuerzo colectivo.












