“Flores y Berro, un febrero sangriento”, por José L. Rapetti Tassano

Atanasio Aguirre, presidente de la República desde el 1° de marzo de 1864, como Presidente del Senado, a la vez heredero político del presidente Bernardo Prudencio Berro, es sustituido por el General Venancio Flores. El 20 de febrero de 1865 Flores entra a Montevideo con sus tropas y se hace cargo del gobierno hasta 1868, cuando la Asamblea General tenía que nombrar al nuevo Presidente de la República que debía asumir el primero de marzo de ese año.

EL PASADO RECIENTE
Quedaba atrás el Sitio de Paysandú con la heroica defensa de Leandro Gómez, su martirio y la devastación de la ciudad. Flores con la ayuda porteña del gobierno de los Unitarios del General Bartolomé Mitre, la del Imperio del Brasil, la presencia en apoyo de las naves de guerra imperialistas europeas, derrota la resistencia de los Orientales.

TRANSCURRE LA DICTADURA
Flores pone su firma al Tratado de la Triple Alianza, con la que paga el apoyo de Buenos Aires y Río de Janeiro a su conspiración y revolución contra Berro y Aguirre. El genocidio del Pueblo paraguayo pasó a ser una mancha como todo crimen.
En la Asamblea, los Colorados intentaban imponer a Flores como Presidente constitucional del país; los Blancos, que denunciaban irregularidades no tenían las mismas posibilidades.
Los hijos de Venancio Flores, con el Coronel Fortunato Flores a la cabeza, sobre el fin de su mandato en febrero del 68 iniciaron una revuelta para perpetuarse en el poder. La revuelta fue sofocada gracias a la intervención de unos 500 marinos de guerra de las naves europeas que se encontraban en la bahía de Montevideo restituyéndose el gobierno a don Venancio. A la vez el ex presidente Berro aduciendo que se preparaba un fraude para elegir a Venancio Flores, inicia con sus partidarios una revuelta que toma el Fuerte y en las acciones iniciales muere el Coronel Freire, que debía sumar un batallón de Cazadores y la “revolución” de Berro fracasó. Es de destacar que los blancos que seguían a Berro al entrar al Fuerte lo hicieron dando gritos; según el diario local “La Tribuna”, gritaban VIVA EL PARAGUAY. También gritaban “abajo el Brasil”, “viva la independencia Oriental y el Paraguay”, pero el entusiasmo y el patriotismo no bastó.

PEDRO VARELA PRESIDENTE.
“EL DÌA DE LOS CUCHILLOS LARGOS”
El mandato “provisorio” del General Flores terminaba constitucionalmente el 15 de febrero. En ese interregno del 15 de febrero al 1º de marzo la Asamblea General debía elegir nuevo presidente. Varela era un joven colorado con 31 años, comerciante de Montevideo y presidía el Senado, razón por la que debía ocupar la Presidencia de la República hasta el primero de marzo. Una irregularidad de las denunciadas por Berro consistía en que Pedro Varela no tenía siquiera la edad requerida para ser Senador que era 33 años.El clima de tensión iba en aumento, la figura de Flores no era la única opción de los colorados aunque era predominante.
El drama se presenta el día 19 de febrero por la mañana cuando Berro y sus partidarios ingresan para tomar el Fuerte. El General Venancio Flores al salir de su domicilio es asesinado, no se sabe por quiénes, pues aparecen en la escena los famosos “encapuchados” con trabucos y puñales, todo es confuso… en apariencia. Fácil es descartar a Berro quien por ese momento daba fin a su intento de tomar al Fuerte y dominar desde allí la situación. Berro derrotado, sale caminando solo por mitad de calle y lo detienen en lo que son las actuales calles Reconquista y Alzaibar, lo llevan al edificio del Cabildo y apuñalan con saña, lo tienen un par de horas torturándolo y finalmente el joven Segundo Flores de 18 años, hijo del General Flores, lo ultima a Berro, destrozan su cadáver y lo pasean en un carro de basura por calles de Montevideo.
Pero la salvajada no terminó allí, Maillefer el Cónsul francés informa a su gobierno “En la ciudad los Blancos eran perseguidos, arrestados y fusilados sin piedad”. (Maillefer, “Correspondencia diplomática” en la Revista Histórica, tomo 26.). Otro órgano de prensa, El Siglo, expresó que hubo 500 fusilados. Esta afirmación de El Siglo tuvo una confirmación inesperada, pues el General Gregorio Suárez (o Goyo Jeta), efectuó una protesta pública: “. . . llego a mi casa y se me informa por la gente que se continúan algunos asesinatos escandalosos de vecinos cargados de familia y que conceptúo que no han tenido parte en el alevoso asesinato del ilustre General Flores”. A tal punto entonces llega la matanza que el propio Presidente Varela le contesta: “Puede Ud. estar seguro que a contar desde hoy se tomarán medidas para evitar la repetición”. Una respuesta a los hechos con algo de retardo. A Berro lo trataron de involucrar en la muerte de Flores poco más de una hora antes que apresaran al ex presidente Blanco. Es seguro que ni éste hubiera matado a Flores y que este general tampoco habría hecho lo mismo con Berro, pues ambos eran rivales pero se respetaban personalmente. En la prensa de Buenos Aires se atribuía el asesinato de Flores a los Conservadores. Real de Azúa encontró una cuarteta de la época, donde en ella se decía que no fueron los Blancos los que mataron a Flores, que en cambio fueron los Conservadores, enemigos partidarios del caudillo militar; una versión que se orientaba a responsabilizar al General Gregorio Suárez, quien también tenía aspiraciones políticas. No extrañaba a los Blancos que Suárez, responsable del fusilamiento de Leandro Gómez y su oficialidad, estuviera involucrado en este sangriento hecho, al fin de cuentas aspiraba a lo mismo que su correligionario Flores.

UN “ERROR” DE INTERPRETACIÒN Y LA MATANZA SIGUE
Ante el crimen de Flores, el presidente Pedro Varela ordena se le curse un mensaje a cada jefe político de los departamentos, que eran todos colorados: “mataron a nuestro querido general Venancio Flores; reúna a la gente y véngase”. Un error de interpretación o “confusión” en la lectura del mensaje se leyó: “. . . reúna a la gente y VÈNGUESE.” Y la venganza traducida en degollatinas y fusilamientos de los blancos fue el epílogo de sangre de aquel febrero de 1868, donde finalmente se eligió al general Lorenzo Batlle como Presidente de la República.